Bandas nómadas organizadas


Siempre me sirve un vaso de agua del grifo, y seguramente deja caer en él, desde su anillo, unos polvos que me hacen decir que sí a todo. Quizá por eso soy amigo de la mujer elegante, que es como pertenecer a una banda organizada de criminales albaneses o ser miembro de un clan gitano. O las dos cosas al mismo tiempo. En cualquier caso, sabes que con ella probablemente acabarás robando o intercambiando disparos con la policía.

Quizá exagero un poco. Pero ser amigo de la mujer elegante implica siempre hacer sinpas y cruzar semáforos en rojo. Y lo que es peor: ir al súper con ese carrito de la compra verde floreado que se me encalla en todas las esquinas de las calles, para adquirir allí más de lo que ella necesita, ocasionando una larga cola en la caja. Luego saca cupones de descuento y se queja de que no le han aplicado bien la rebaja. La hilera ya es de diez personas (parecen hormigas obreras), porque estamos en agosto y el personal del supermercado está bajo mínimos. Encima, la banda magnética de su tarjeta de crédito parece averiada (quizá por el calor, según la cajera), y me toca pagar a mí. Ya me lo devolverá, dice siempre, desde hace años. Luego nos detenemos en una esquina, sudados, y me ofrece un trago de agua de una fuente pública, donde seguramente dejará caer desde su anillo unos polvos que me harán decir que sí a todo.

Hace una semana me propuso bajar a la playa para conocer a sus amigos, que probablemente eran una banda organizada de criminales albaneses o un clan gitano. Dije que sí, drogado.

Sentados junto a una hoguera, con una cabra atada a uno de sus carromatos, estaban ellos.

La vecina envidiada llevaba un tatuaje tremendo en el antebrazo derecho con el lema: "I love Tohu", y se fijaba en mi muela de oro, como si condujera uno de esos trastos atrotinados donde de lee: "Recogemos chatarra". A ella le faltan varios dientes, pero sonrió mirando el mío dorado, con su cabello alborotado a la luz de las llamas.

El jardinero fiel, llevaba un pendiente en la oreja, y centraba su atención en mi muela de oro, como si condujera uno de esos trastos atrotinados donde de lee: "Recogemos chatarra". A él le faltaban varios dientes, pero sonreía mirando el mío dorado, mientras ofrecía alfalfa a la cabra y me contaba que el nombre científico de esa planta era medicago sativa. Lo había leído en un libro "mú gordo", según él, y le había quedado en la cabeza.

La maîtresse iba cargada de anillos y colgantes. Escondía su melena pelirroja con un pañuelo azul (formando una bandera islandesa) y quiso leerme la mano, mientras avariciaba mi muela de oro, como si condujera uno de esos trastos atrotinados donde se lee: "Recogemos chatarra". A ella le faltaban varios dientes, pero sonreía mirando el mío dorado, mientras revolvía la olla en la lumbre de leña. Allí lanzaba restos de carne sospechosos que habían sobrado del día.

Pocoyó parecía la menos silvestre del grupo, como si alguna vez hubiera asistido a alguna clase en alguna escuela perdida en un camino polvoriento. Quizá por eso le encargaron vigilar la posible aparición de un coche patrulla de la policía, mientras ellos se acercaban a mi muela de oro. A ella le faltaban varios dientes, pero sonreía viendo el mío dorado. Por la puerta abierta de su caravana asomaban varios perritos piloto de feria, probablemente hurtados.

Por suerte, esa noche estaba la pequeña flautista, que era la única que no pertenecía a la banda de la mujer elegante, ni era gitana o albanesa, ni le gustaba la cabra, ni lo que cocinaba la maîtresse en la olla. Y era joven, y tenía todos los dientes y le daban miedo esos cuchillos rodeando mi mandíbula. Se puso de pie y amenazó con ir a avisar a la Guardia Urbana si el jardinero fiel no dejaba de intentar arrancarme la muela de oro con esas tenazas oxidadas (sin anestesia local). Pasaron las luces azules de una patrulla por la avenida cercana a la playa y la niña se levantó para correr hacia el vehículo.

Entonces la mujer elegante la detuvo, abrazándola. Carraspeó y dijo que todo había sido una broma. Sirvió unas bolsas de patatas sobre el mantel para disimular, la vecina envidiada sacó una tortilla para disimular, la maítresse nos presentó una pizza faite maison para disimular, Pocoyó montó unos arenques suecos sobre unas rebanadas de pan para disimular, y el jardinero fiel regó la cena improvisada con vino. Para disimular.

"No le ha pasado nada al payo", le dijo la mujer elegante a la flautista. "El payo está un poco pálido, pero con un par de tragos se recuperará", aseguró la vecina envidiada. La cabra balaba, atada a un carro. La playa era serena en esa noche de agosto. La hoguera nos alumbraba los rostros. La mujer elegante llevaba la voz cantante para reafirmar su liderazgo. Los otros le seguían el paso, riéndole las gracias. Mantuve la boca cerrada, no fuera a suceder que brillara de nuevo mi muela dorada y volvieran a fijarse en ella, ahora que la flautista se había caído de sueño sobre el pareo en la arena y ya no podría volver a defender mi integridad física.

Pasó un paquebote en cuclillas por el mar, bajo la luna, mientras el clan contaba cuentos en la playa, hartos de vino. Me dejaron marchar a medianoche, sin necesidad de ofrecer excusas.

Regresé a casa entre prostitutas africanas, quinquis y borrachos en la Ciutadella. Lejos de la banda organizada de la mujer elegante, me sentía a salvo entre ellos. Tranquilo. Silbaba una canción de Marta Sebestyen para mis adentros. Pronto estaría en la Diagonal. Pronto regresaria al norte de la ciudad. Pronto volvería a comprobar con la punta de la lengua que mi muela de oro seguia anclada en su lugar correspondiente.

Quizá he exagerado un poco la situación, pero sucedió más o menos así.

PD: Disculpad si me leéis gitanos o albaneses. He utilizado todos los tópicos posibles. Sólo era una fábula de una situación real. Sé que hay grandes escritores albaneses y gitanos cultísimos (aunque no conozco a ningún escritor gitano, es extraño).

13 comentarios:

    Et sona un que es dia Juan de Dios Ramírez Heredia? És (o era, no en sé res fa molt temps) gitano i havia estat diputat al Congrés em sembla. Segur que alguna publicació deu haver d'ell... :-)

    Escolta, has provat mai de fer de guionista? Trobo que per fer sèries de TV series boníssim hahaha

    As usual... boníssim!
    Petonets!

     

    Paseante, no! téns una dent folrada d'or? Nooooooooooooooooo!!!!!
    Jo diria que has exagerat un poc, sí, però m'ha agradat aquesta història: m'ha penjat un somriure dels llavis.
    Esper que el payo estigui bé de veritat. Gràcies per llegir-me de seguit, quina panxada! això sí que és un xute! :) Besades

     

    En Rumnania vi bastantes gitanos, quizas estabas alli.
    Abrazos, buena historia.

     

    Ostres Paseante. Quina troupe! clar que no sé per què però em sonen aquests amics... i en el fons són bona gent. Tot i que per si de cas vigila amb els "mals de ojo".

    He rigut molt imaginant-me les possibles coincidències.

     

    jo et vull prendre la dent d'or: potser allà hi radica la teva riquesa literària. Això, això és el que volien tots!

    Mircea Eliade era romanès. M'ho va dir ahir la Ramona, la meva romanesa adoptiva, la que m'ajuda amb les feines de casa. No sé si era gitano, però si romanès. I ella estava contenta que jo tingués un títol d'un romanès a la meva prestatgeria...

    veritat que no té res a veure, el que dic, amb el que dius tu?

    no, si ja deia jo... tchts,tcths...

     
    On 12:11 p. m., agosto 14, 2010 Anónimo dijo...

    payo, ere un sagerao, casi que ni te tocamo... amás, lo hasíamo por tu benefisio, que nos venia con la muela floja ya de casa, y nos hasía de zufrí, cá vé que incaba er diente en er papeo paresía talmente que te se iba a queá clavá, o de peó, que te la iba a de tragá.
    Ains, que poquito de conprensión con los que miramo por tí.
    Pocoyó.

     

    ...fff... si vinguessis a sopar amb els veïns de Blogville no et passarien aquestes coses... nosaltres som d'estovalles sobre la sorra, vi fresquet i històries maques... no hauries de patir per la teva dent d'or (de veritat que en duus???)

    petons!!!

     

    Rita, no havia tornat a pensar mai més en aquell diputat gitano. Què se'n deu haver fet? I pobres teles si jo hagués de fer de guionista... Però gràcies pel comentari. Petonets.

    Vida, sí que tinc un queixal folrat d'or. És una petita inversió per si mai necessito diners :-) Va ser un plaer llegir-te de seguit. Tot i que prefereixo gaudir dels posts un per un. Però tu ets productiva. Un petonet.

    Mari-Pi-R, no estaba en Rumanía. Sé que es el país con más gitanos de Europa (creo que con Hungría). Esa banda estaba acampada en la Barceloneta. Un abrazo.

    Khalina, si els coneguessis no diries que en el fons són bona gent. Dels que parlo jo, són tremendos. Com dimoniets.

    Arare, no fotis que tu també em vols prendre el queixal d'or. Mira que no vindré a la presentació del teu llibre, eh? És curiós que la Mari-Pi-R i tu parleu de romanesos. Jo feia referència a albanesos.

    Pocoyó, ya le has pillado el wifi a un vecino desprevenido para ponerme un comentario. No cambiarás nunca. Venga, métete en el carromato y acuesta a los perritos pilotos.

    Rateta, només he anat a un sopar amb els veïns de Blogville i vaig tornar a casa amb un tonell tapant-me les vergonyes. No em vau respectar ni els calçotets foradats. Sort que no em vau veure el queixal d'or. Un petonet.

     

    Em vas enviar al mercat de Sant Antoni a fer contrabandu de llibres sense massa èxit. Deu ser que el merat negre també està en crisi. Ningú va voler els més de cinquanta llibres i no hem donàven ni 15 euros per tot el lot.

    Allà vaig descobrir a Rajko Đurić escriptor serbi i gitano, ja coneixia a Delia Grigore activista i escriptora, a part d'en Jose Heredia que era poeta.

    Fotogràficament són étnies molt agraires i personalment n'he conegut alguns i la veritat és que són gent molt interessant.

     

    jo tinc gitanos de molt colors a la feina! jeje! ens donen molt mala vida la veritat però mira, així tenim una mica d'emoció i com ja saps que sóc una mica guerrera... dooooncs.... si no hi ha sang ni fetge pel mig de vegades m'ho passe bé i tot! Ara, res comparable a la teua trobada!
    quines aventures més xules que vius! muaks!!

     

    Helena, vas agafar els 15 euros i vas córrer? Em descobreixo davant el teu coneixement de la literatura gitana. I sí que són interessants. En cap cas et deixen indiferent.

    Nimue, un dia t'agafo el lloc de profe de gitanos, i tu vas a reunire-te amb la "meva" banda de la platja. Ja veuràs quines emocions més xules!!! Porta un tonell per tornar a casa. Muaks.

     

    Sort de la flautista...Eh?
    ;o)
    una abraçada

     

    Sí, noi. La flautista encara té aquella edat en que la maldat no s'admet. Una abraçada, maco.