París-Texas


En mi parada de tren apenas descienden viajeros para adentrarse en las calles vacías y oscuras en la noche. Es un lugar insignificante en el mundo, que bien pudiera llamarse París, aunque sea la antítesis de la ciudad francesa (como la París de Texas, en esa magnífica película). Mi parada de tren no es gran cosa para la humanidad, pero es mucho para mí porque -aunque cada vez cueste más- alguna vez me detiene una cara reconocible en el camino para preguntar cómo me va la vida.

Esta Navidad, a la hora de la misa del gallo, me crucé en la calle de las librerías (sin gente, entre la niebla) con una antigua compañera de instituto. Tiene un nombre original: Ia. Los dos habíamos salido a estirar las piernas para echar un pitillo. Le dije que no había cambiado su rostro en todos esos años y le sonrojó el comentario (que era sincero). Supongo que hacía siglos que nadie le contaba que estaba igual de guapa que en ese edificio educativo de ladrillos rojos, ahora que ya era madre de adolescentes, y que su ciclo vital no era el de entonces.

Este fin de semana, el hombre que cuida animales apagaba las luces de su clínica, pero las volvió a encender cuando me vio pasar con las manos en los bolsillos de mi chupa nueva frente a su escaparate para ofrecerme pipas (ni que fuera un loro) y charla (ni que fuera un intelectual). Agachó la mirada tímida frente al comentario de que había adelgazado (era sincero). Sigue siendo el viejo cáncer (de signo zodiacal) de siempre: duro por fuera y tierno por dentro. Como un huevo.

Un día seré sólo un recuerdo para esa gente del pasado. Alguien que les visitará de vez en cuando, sin avisar, en el vestíbulo de su memoria mientras cuidan el huerto o miran la televisión ya ancianos. Uno que estuvo a su lado en algún momento inconcreto de su existencia, en un lugar parecido a París-Texas.

Este sábado el pequeño Hayden corrió a cumplir años porque le urge ser mayor. Como siempre lo celebramos en un castillo encantado, con un lago repleto de patos a los que alimentar entre plato y plato. Siempre soy el elegido para acompañarle con la bolsa de pan. Se acercó un grupo de cuatro ocas agresivas, y mi sobrino tuvo miedo. Le dije que no eran peligrosas, que les podía dar la comida en la boca. Ofrecí mi mano como ejemplo. Uno de los bichos se acercó a mi palma abierta y, en lugar de tomar el pan, prefirió mi dedo y grité de dolor. El pequeño Hayden llevaba tiritas con peces azules, y me enganchó una en el dedo ensangrentado para curarme.

Después de los postres, quiso probar los patines en línea que le regaló su abuela paterna. Acababa de cumplir seis años y no me pareció buena idea hacerme responsable de su iniciación al mundo de las piernas rotas. Pero en la mesa del restaurante me dijeron que no me preocupara, que los niños están para caerse.

Encontramos una pista de cemento tras el almacén de la bodega de vino. Primero le pedí que se apoyara en la pared, mientras yo le sujetaba del pantalón, y que intentara desplazar los patines en lugar de caminar con ellos. Lo hizo bastante bien. Nos alejamos del muro. Ya sólo tenía el soporte de sus piernas y de mi mano a un palmo de su cintura, por si acaso. Algunas veces le salvé. Otras se desplomó de espalda, de rodillas, de barriga. Pero es un niño espabilado: al rato patinaba como un patito feo. Le reté a hacer diez largos de pista sin precipitarse contra el cemento. Me miraba de reojo, caminando deprisa a su lado, mientras le provocaba diciéndole: "ara cauràs". Y se aguantaba sobre los patines, sonriendo, sólo para no darme la razón. Consiguió hacer ocho pistas y media antes del batacazo.

Llevábamos un buen rato en esa iniciación al mundo del patín, cuando descubrimos que el sargento Hayden nos filmaba a distancia. Luego bajó el resto de la familia (el pequeño faraón Nil imitaba a su hermano desplazando las botas como si patinara). Nos propusieron dar un paseo con ellos circundando el lago, pero el niño prefirió quedarse conmigo en la improvisada pista de aprendizaje. Así lo hicimos, en nuestra soledad cómplice, a la sombra del almacén de vino.

Sé que un día verá -recordará- esas imágenes filmadas por su padre, y se acordará de su tío Travis. En París-Texas. Esa tarde. Y yo rememoraré siempre esa tirita con peces azules, y su beso en mi dedo para que se sanara.

17 comentarios:

    Te escribo con un poco de vino, a lo mejor también con una sonrisa que se prolonga como si acabara de salir del sueño. Hay gente que a lo largo de la vida pasa, saluda y olvida, que siempre anda olvidando. Es bueno a veces, no lo sé muy bien, recordar la belleza de un rostro, aunque sólo sea como para sorprender el recuerdo. De alguien, de uno mismo. Seguro que ese día de los patines permanecerá mucho rato, ahí, y se reconocerá lejos, con una sonrisa tranquila. Como si acabara de salir del sueño.

     

    Travis, saps que noto a faltar el sr Gris? Sugerència: comprar-ne o adoptar-ne un, o inventar-lo. No val la resposta de que tens el pis petit. Com si no tindràs excusa per a passar-te a saludar a aquest amic veterinari tant tímid?
    Segur que el Turó Park ja no és el mateix sense aquestes dues figures que l'anàven a veure de tant en tant...

     

    Li estic donant voltes al"cicle vital" o en el seu cas " cicle biològic"( que potser s'escau millor ) ... O potser a mi se m'escau millor ( a aquestes hores de la nit),i un altre apunt...TOTs serem un record en un futur immediat pels que queden i ens recordaran amb més o menys grat!( això ja depèn de nosaltres)
    Bona nit i gràcies per passar. Tu sí qie ets un regal! ;)

     

    Espero que ese día de los patines permanezca en la memoria del pequeño mientras dibuja una sonrisa tranquila, Mirielle.

    Jo també el trobo a faltar Emily. Fa unes setmanes vaig anar a plegar bolets amb els meus pares a un lloc on venia el senyor Gris. Vaig fer el comentari de com li agradava córrer per allí. I la meva mare em va dir: "Ara ja és passat". Faré com la Holly Golightly de la novel.la de Truman Capote: No tindré cap gos fins que no em pugui permetre comprar a Tiffany's. El meu amic veterinari ja ho era abans del senyor Gris. Ens coneixem de petits. I el Turó Parc... Aquest any no hi he pogut anar gaires vegades, però hi tornaré a passejar quan afluixi la feina.

    És veritat, potser hauria quedat millor "cicle biològic", Joana. Però ara no ho canviaré, perquè el teu comentari no tindria sentit. De moment encara no som records. Aprofitem-ho no?

     

    No se en que comentario, pero ya sabía que esta peli te encantaba, el caso es que no la tengo posteada (aun), en fin!

    Pues si que es original el nombre de tu compañera de instituto, y ese encuentro queda bonito!

    Lo del beso en el dedo queda también bonito..incluso un poco en plan et con ese auuuuu ;)

     

    Aprofita per passar aquesta nit per casa...

     

    Queda lejos ese entusiasmo con algo como un par de patines... esas ganas de patinar y patinar y patinar, porque son nuevos y no lo has hecho nunca antes y te divierte y no quieres parar aunque no pares de caerte, haga frío y se vuelva de noche. Está muy bien, pero cada vez cuesta más encontrar un par de patines adecuado.

     

    Gràcies per les teues paraules. He pensat en tornar...

     

    Ais que si et fa cas el nen, acaba amb picada d'oca jaja. Era més perillosa l'oca que els patins.

    Et compraràs uns patins per anar plegats amb el nebodet?? Enlloc de"el paseante" series "el patinador" jaja

    Tothom està en la ment d'algú altre... I quan un more, allarga la seva vida vivint en els records dels altres

     

    Pon el post Atikus. Esa película creo que también te gusta a ti (no sé por qué). Quizá tienes pinta de ser nostálgico.

    Ja hi he passat Joana. Moltes gràcies. Sempre cuides molt la gent.

    Xurri, eres la más gamberra del blog. Así que te imagino perfectamente con patines. Parriba y pabajo. Y soltando lágrimas de cocodrilo en las caídas para que te cuiden.

    Has tornat Nimue. Si hi he pogut contribuir d'alguna manera, doncs estic content. Gràcies per l'esforç. Et llegiré sovint.

    No estic tan boig com per anar en patins a la meva edat Khalina. Tens raó, quan un more, allarga la seva vida en els records dels altres. A veure si un dia et provoco records, que durin, davant d'una pizza pudenta de formatge amb l'Alatrencada. En tinc ganes.

     

    No ets tan gran per anar en patins paseante. Saps que hi ha llocs on en lloguen per una hora?? No seria més emocionant aquest record que el record d'una pizza pudenta de formatge?? Prepara't Paseante. Si menges pizza pudenta us obligaré a tu i a l'alatrencada a patinar :D

     

    Deu ser defecte professional, Paseante...Cuidar a la gent és la meva professió (a la feina) , però m'agrada cuidar-la també a fora.A aquestes alçades no vulll canviar. Ara m'agrado i m'agrada agradar als qui agrado....Aiiisss que "pixo fora de test).
    Que tinguis un bon diumenge. Fa un dia esplèndid i surto a fer una volteta al sol!( per carregar-me d'energia positiva i poder-la escampar ).:-)

     

    Ets un cabronàs... no volia plorar i ho estic fent... Gràcies.
    Un petó.
    Margot

     

    Que la vida va a ser eso , Paseante...un montón enorme de buenos recuerdos.Disfrutados a tres bandas.Cuando los vives , cuando los recuerdas y cuando imaginas como lo recordarán y lo disfrutarán los que amas.
    Un montón enorme.

     

    Khalina, dolentota. Com que tu encara ets una nena, et penses que això d'anar amb patins ho podem fer tots.

    Tens cara de cuidar molt bé la gent dins i fora de la feina Joana. Espero que aquesta passejada amb solet t'anés bé. Bona setmana per a tu.

    Ho sento Margot. Intentava fer somriure, però veig que he aconseguit la reacció contrària. Un petó.

    Debe ser eso MK, aunque la mayoría sólo nos fijamos en el momento presente, sin volver la vista atrás o sin mirar adelante.

     

    Estoy en ello ,Paseante.Pero reconstruir un presente , hermosamente y ser consciente de la labor sin que se te escapen los días en el día a día...tiene su dificultad...pero es bonito estrenar zapatos nuevos..

     

    Yo soy más de recuperar zapatos viejos, MK. Los nuevos están menos amoldados a los pies. Aunque no te digo que un calzado por estrenar no haga mucha ilusión. Y el futuro está siempre en lo nuevo, porque lo viejo es difícil que retorne.