La feria

"La variedad de maíz PR34N43 es de alta producción, con calidad de grano y resistente al estrés hídrico. Es de ciclo 600, pero cunde como si fuera de ciclo 700...".

"La clasificadora de huevos Prinzen Elgra 3 selecciona por medio de seis células de peso y dispone de una impresora de tíquet integral...".

"Rubber-Kim ofrece sistemas de impermeabilización para embalses. Su EPDM, que asegura con la elasticidad de su membrana la protección frente a movimientos estructurales, se coloca suelto sobre el subsuelo...".

Eso afirman los folletos publicitarios que fuimos guardando en la cesta del cochecito del pequeño faraón Nil en nuestro paseo entre los stands de la feria. Por San José aparecen -desde hace 135 años- los comerciantes de maquinaria agrícola en la tierra de la niebla, y llenan la avenida junto al canal con un parchís de tractores: los Kubota rojos, los Landini azules, los John Deere verdes y las coquetas excavadoras amarillas de New Holland. Con ellos llegan doscientos mil visitantes ataviados en su variante festival de country (vaqueros, sombrero de ala ancha y botas camperas) o en su variante boda de una prima (traje estrecho de hombros, corbata con nudo de ahorcado y mocasines moteados de barro). Todos los campesinos coinciden en sus rostros apergaminados y cobrizos por el trabajo perenne al sol, y sus manos de gigante que no saben dónde guardar.

Una empresa mostraba una casa prefabricada de madera, a la que se accedía por una escalera demasiado vertical para subir un cochecito Jané. Los Hayden sintieron curiosidad por su interior y me dejaron al cuidado del bebé etíope. Un tipo desconocido avanzó hacia mí, entre el tumulto de gente, con una sonrisa que mostraba unos dientes de conejo de Alicia en el país de las maravillas y me abrazó diciendo emocionado mi nombre, ante mi perplejidad. Su cuerpo ha cambiado (básicamente se ha expandido), pero su voz era la de Manel, la misma de entonces, de cuando teníamos diez años y era mi mejor amigo en aquella tierra de la niebla del cine a las cuatro de la tarde de los domingos y del futbolín en el bar de la señora Flora.

Abandonó los estudios a los trece años para trabajar en la empresa de su padre, se casó a los dieciocho, y a los diecinueve ya tenía un hijo. Un tipo precoz. Ahora es un hombre de negocios, con una distribuidora de frutas y una inmobiliaria. Me gustó que no parara de sonreírme, que me agarrara del brazo como si volviéramos a llevar pantalón corto, que supiera tantas cosas de mi vida a través de sus encuentros casuales con mi padre.

-El que no sabia és que t'haguessis casat -me dijo contemplando al pequeño faraón en el cochecito.
-No home, no ho he fet...

Iba a contarle que el niño no era mío, cuando su esposa le llamó desde la otra acera, junto a un remolque Massey Ferguson y bajo un ramo de globos con la cara de Mickey Mouse y Bugs Bunny que una gitana intentaba vender a los críos.

-T'he de deixar noi. Passa un dia pel magatzem i anem a dinar.
-Ho faré, encara que només ho dius per encolomar-me un pis.
-Coi d'home, no canviaràs mai. M'ha agradat tornar-te a veure. Tens un nen molt maco -me dijo dándome una palmada en la espalda y alejándose con su cuerpo adulto que proyectaba la sombra infantil de entonces.

Los Hayden salieron satisfechos de la casita de madera: tres dormitorios, un salón grande y un cuarto de baño en el que podrías nadar croll. Todo por 29.000 euros. Se acercaba la hora de comer, así que el pequeño Hayden empujó el cochecito de Nil entre la multitud, ejerciendo de hermano mayor, en dirección a la granja de los caballos. El sol era vivo e intentaba colorearnos las mejillas para no paracer tan urbanos en la feria agrícola.

7 comentarios:

    Cuando iba de pequeña al pueblo de mi padre, apenas había tractores. La hierba se recogía con guadañas y hoces en Julio, y se dejaba amontonada, secando, para luego recogerla y guardarla. Luego empezaron a llegar los John Deere. A mí me gustaba verlos, porque en la matrícula ponía LE (de León) y VE (vehículo especial), pero junto (y estaba junto, porque las matrículas eran cortas) se leía LEVE y a mí me hacía gracia.

    Ahora tienen tractores, y cosechadoras, igual que en tu pueblo, pero también tienen esa cosilla tan de pueblo que es el cotilleo, y te aseguro que en casa de su amigo Manel has sido el protagonista del cotilleo durante todo el fin de semana. ¿Te pitaron los oídos?

     

    No sé perquè però tot això em sona, la fira, el canal...A mi em passa això d'anar amb els nebots, es creuen que son meus, i el més fort és que jo no ho desmenteixo!

     

    Comme d'habitude, una història entranyable i assolellada que m'ha encantat llegir. Si vas a dinar a ca'n Manel, dona-li records de part nostra (segurament no ho entendrà, però per nosaltres ja té cara i ulls).

     

    no sabía que te habías casado con una africana!
    felicidades!
    :p

     

    he hecho un nuevo blog :P
    todoavia no he escrito nada!

    ;*

     
    On viernes, 23 de marzo de 2007, 21:07:00 CET l'alatrencada madrileña dijo...

    Molt perillosos els encontres amb antics companys d'escola. Com entendrien el tipus de vida que portem! Tots ells "feliços" ben lligats a una feina estable, parella, fills, hipoteca... Millor estalviar-se les explicacions!

     

    No me han silbado los oídos Ilse. Cuando era adolescente, y tenía una edad parecida a la tuya de ahora, conducía un tractor con la VE. Recuerdo que me daba pánico atascarme en la vía del tren. Nunca sucedió y aquí sigo.

    Canal, fira... Emily igual som veïns. I per què no ho desmenteixes això dels nebots, dona?

    Segur que no ho entendria, Violette. No el veig molt interessat en temes d'internet.

    Fue una boda tan bonita Be...

    Thais me alegra que lo intentes de nuevo. Pásame la dirección cuando hayas escrito algo, por favor.

    Tampoc són tan feliços Alatrencada. Per exemple, no poden anar a l'estranger per cantar temes de Kurt Weill. Només hi poden anar per veure't actuar.